Estoy realmente enfadado conmigo mismo. No estoy donde quería llegar, ni mucho menos. He tratado, durante los últimos años, de conseguir todas aquellas metas que supuestamente me harían sentir bien, que me aproximarían a ese concepto totalmente abstracto de felicidad.
Ahora, mientras pienso lo que he conseguido, no puedo evitar esbozar una sonrisa de autocompasión. Pobrecito. Me siento engañado por una cultura que trata de evitar a toda costa la felicidad en cualesquiera de sus formas; todo son jodidos retos, siempre demostrando lo que vales, ocultando las flaquezas. Por ser afortunados sólo tenemos que partirnos el lomo 40 horas a la semana. Gracias. Me han dicho que ya no hay espacio para ese animal con sentimientos llamado Hombre.
Aunque estoy de acuerdo -lobotomizado o no- en que las cosas realmente buenas cuestan un esfuerzo en relación, cada vez encuentro los mejores placeres en aquello que no he buscado y que mucho menos esperaba encontrar. Esos pequeños detalles de los que ni siquiera eres responsable, efímeros momentos que, sin saber ni como ni porque, son capaces de alegrarte el día entero sin haber hecho nada para merecerlo. Esto me rompe muchos esquemas.
Nos han vendido, disfrazado de regalo, el concepto de que la felicidad se obtiene realizando una serie de acciones estándares: Un bonito manual de instrucciones para sentirte mejor y de paso, pensar menos. Pero pasa el tiempo, pensar es inevitable y te das cuenta de que el manual falla desde el prólogo: No has conseguido absolutamente ni un gramo de felicidad siguiendo el que supuestamente sería el camino adecuado. Y en ese momento ¿qué haces?. Absolutamente nada, has ido tan lejos que mirar hacia atrás para desandar tus pasos da auténtico vértigo. Tenemos tan arraigado el Ideal que nos lo comemos con el aliño que más nos guste.
Que cada cual se sienta libre desviándose lo poco que nos dejan de ese manual, pero me cuesta horrores sentirme libre -no ya feliz- en esta mierda de sociedad prefabricada y sin apenas grietas en los cimientos. Tanta locura, violencia, envidia, incultura -por hablar de ciertas características del mundo @ccidental- no son más que algunos de los efectos secundarios de haber mamado esta leche infecta fabricada a base de inhumanidad, dolor, opresión, hambre y muerte que tanto nos sobran en este planeta. Todo mi asco y profunda desaprobación sea con los causantes de esta forma de existencia.
Buahh.
Hacía mucho tiempo que no hablaba contigo, aunque tengo la sensación de que no me escucharás ahora. Eres una de las pocas personas que ha conseguido grabar en mi débil memoria un retrato exacto de tu rostro, así como de tu voz. Puedo invocar ambas cosas cuando quiera y será como tenerte enfrente, sentado tranquilamente tomando vino antes de echarte la siesta.
Recuerdo, cuando éramos unos años más jóvenes -tú tenías algo más de pelo y yo apenas levantaba unos palmos del suelo- me gustaba acompañarte a hacer la compra. Todos los jueves aparecía por tu casa, donde me esperaban las mejores sonrisas que me han podido regalar. Sonrisas que acompañaban esa mirada inteligente y sabia que sólo la experiencia es capaz de labrar, sonrisas que dejaban entrever una armonía completa con todo lo que te rodeaba.
No he conocido nunca, y dudo que lo haga, a nadie con tanta pasión por la vida, por la superación. Tu constante lucha contra la inactividad, contra el pasotismo y la desidia merecen la más exagerada de las reverencias. Tú me descubriste maravillosos atardeceres y amaneceres en la dehesa, caminando con la serenidad y la calma que te caracteriza, con la vista en el horizonte, los pies en el suelo y el corazón en tu gente.
Cada una de estas palabras es una lágrima que no supe dejar caer en su momento, es mi llanto esteril por no haberte demostrado mi aprecio antes, es mi promesa de seguir tus pasos allá donde los dejaste, es un “gracias por todo”.
Supongo que te gustará saber que el legado que me dejas no es sólo genético, es mucho más rico: Me dejas tu forma de ver la vida, tus experiencias, tu recuerdo, tus risas y tristezas, los poemas de tu infancia, tu alegría... pero sobre todo, una meta muy alta a la que llegar.
Te quiero. Adios.
Esta mañana llegué al trabajo como todos los días; tarde. Mis fosas nasales detectaron el nocivo olor del tabaco nada más entrar en la oficina, así que raudo me dispuse a abrir las ventanas, ya que el aire acondicionado no es suficiente para ventilar una sala de cien metros cuadrados donde fuman casi seis personas. Cogí el pomo y sintiendo la mirada de odio de los compañeros más frioleros, entreabrí dos de las ventanas para que la ansiada corriente invernal purificara el ambiente.
[Sé que me odian. No ya por el día en que mandé un correo a toda la oficina con la foto de unos pulmones realmente asquerosos y destrozados por el mal hábito, ni por mis incansables alusiones a la muerte lenta y dolorosa. Tampoco creo que mi perpetua cara de perpetuo gilipollas sea el origen de semejante rechazo. Un día pensé que pudiera ser porque no doy ni chapa, me paso el día entero viendo páginas de internet, mientras mis subordinados se matan por sacar el curro. Pero la idea me pareció suficientemente equívoca como para rechazarla de plano.]
Y ahí, en mi silla y ante la pegatinita de "Cansado de ser FUMADOR PASIVO"
[Un día algún cabrón cambió la palabra FUMADOR por TRABAJADOR]
pasé la mañana entera sin hacer más trabajo que el estríctamente necesario, es decir, mirar la pantalla. Transcurrió así el día hasta la hora de comer, comí y de vuelta al trabajo me esperaban mi jefe y su superior: "Hemos decidido que te vas a la **** calle" me dijeron. Y yo, claro, no podía preguntar el porqué de semejante estropicio laboral, bajé la cabeza hasta que la barbilla tocó el ombligo, y con el rabo entre las piernas me despedí de mis alegres compañeros con un sencillo -pero emotivo- "La empresa ha decido prescindir de mi... así que... bueno, pues... que os vaya bien. Adios"
Me han contado que uno de mis excompañeros intentó organizarme una despedida, comprar algo y esas cosas, pero al parecer no ha tenido demasiados apoyos. ¡Ahí se mueran todos de cáncer de pulmón!(Si no por el tabaco, por las corrientes extremas de aire que han soportado durante dos largos años)
Si vivo 80 años, habré pasado durmiendo 27 de ellos al final de mis días. Teniendo en cuenta que los 10 primeros no los recuerdas, que los 6 siguientes no los aprovechas, que en los 20 últimos no puedes hacer nada y que de los que están en medio, la mitad te los pasas trabajando... nos queda que tenemos una vida activa bastante breve si nos está resultando amena.
Bajemos un poco la escala del tiempo y hagamos cifras. La situación es casi más agobiante: Tenemos que de las 24 horas del día 8 las pasamos durmiendo, otras tantas en el curro, 2 más para el transporte y otras 2 para alimentarnos. ¿Cuanto nos queda? Pues la insignificante cifra de 4 horas para desarrollar nuestra vida. Si te encuentras en la extraña situación de tener amigos, pareja y además una afición cualquiera ya la hemos jodido.
No, no he entrado en la crisis de los 30, ni me encuentro viejo, no se me cae el pelo ni tengo enfermedades degenerativas, no me ha dejado la novia ni se me ha muerto el perro. Me encuentro de maravilla, pero... ¡NO DUERMO!. No, no tengo insomnio, ni vecinos ruidosos, ni mi colchón con pulgas, tampoco padezco incontinencia renal. Pero las ojeras juguetearán dentro de poco por debajo de mi barbilla si alguien no me ata a una cama o me demuestra que la vida es más aburrida de lo que yo la veo.
Hace algún tiempo descubrí que había cosas que me provocaban una sensación extraña, una atracción desinteresada, una química, lo que se suele denominar normalmente interés, y que haciéndolas me sentía mejor e incluso a veces beneficiaban a otras personas. También descubrí que eso de las aficiones era muy adictivo, y que normalmente vas teniendo más según las conoces... me dí cuenta de que ya formaban una parte muy importante de mi vida. Vivía para ellas pero también con ellas y eramos todos felices, una especie de simbiosis en la que yo aprendía y ellas robaban mi tiempo.
Pero pasó el tiempo y las cosas empezaron a ir mal. Una fuerte discusión con mi buen amigo el sueño acerca de la división del tiempo fue el catalizador de una guerra que aún hoy sigue en su apogeo. Las aficiones atacaban con toda su artillería al sueño. Miles de bombas de actividad cayeron sobre el reino de Hipnos y sus territorios fueron mermando hasta quedarse convertidos en una pequeña porción de lo que antaño sería un gran imperio. Cada vez nuevas aficiones aliadas ocupaban las horas salvajemente. Primero cayó la ciudad de Siesta, más tarde cayeron las famosísimas Sábado Mañana y Domingo Mañana.
Ahora mismo la situación es complicada, los generales activistas han acorralado a los pocos y debilitados Señores del sueño en el pequeño castillo de Seis Horas. Únicamente cuando éstos reunen fuerzas suficientes se lanzan a la reconquista del terreno perdido y consiguen desplegar un poco sus tropas. Dos días es el tiempo que se mantienen en sus posiciones; luego, inexorablemente huyen de vuelta hacia el castillo más poderoso del reino de Hipnos, aquel que enarbola en cada almena la bandera de los dos ojos cerrados, aquel que antaño se conoció como Palacio de las Diez horas.
Hoy mismo podría morir aplastado contra las paredes de mi cama, y en absoluto sentiría lástima alguna por ello. Estas largas noches sin dormir me acuchillan lentamente por el día. Entro a trabajar de noche y salgo de nuevo a oscuras. No existe el sol, ni más luces que las eléctricas, ni más pérdida de tiempo que el dormir.
Recorro el mismo camino todos los días de forma inconsciente. Vago por los pasillos mecánicamente, arrollado por una masa sedienta de trabajo o temerosa de un despido, quizá ambas cosas. Empujo, soy empujado. Cruzo mi cansada mirada con medio vagón de metro. La mayoría de las caras no tienen mejor pinta que la mía, no tienen mejor pinta que las reses que se tranportan en pequeños camiones. Mi cuerpo es excretado hacia el andén y arrastrado por las escaleras. Soy un sonámbulo perpetuo, consciente y voluntario.
No sé en cuantos años se estima que GNU/Linux vaya a ser el escritorio por defecto para los ordenadores caseros. No lo dudo, la evolución que se está experimentando desde hace aproximadamente dos o tres años está siendo increíble, ya todo el mundo ha oído hablar del "linus" y los principales esfuerzos de la comunidad del software libre se centran en facilitar el entorno para ser más asequible a los usuarios domésticos. Entiéndase doméstico por aquel que escribe sus cartas, navega por internet, escucha música, diseña, hace uso de un procesador de textos o juega.
Obviamente me encantará ver ese momento, pero encuentro al menos un problema serio que sólo puede solucionarse con un esfuerzo enorme de concienciación de los usuarios o con un trabajo titánico por parte de la comunidad del software libre. Me refiero al apartado de la seguridad.
Tenía tanto tiempo por delante ¡Una vida!, tantas cosas por hacer, gentes sencillas y agradables a las que conocer, pequeños caprichos que concederme, grandes metas que alcanzar... pero me tuvo que pasar a mí. ¡A mí! Con la mala pata que suelo tener siempre con estas cosas. Aquel, aquel repelente niño, aún perplejo por el cambio de entonación en su melodía: "quinientos millooooneeesss deeeeee peeeeseeeetaaassss" pasaban a ser "tres millooooneeeesss de euuuuuros". El mismo niño con las mismas orejas de soplillo que en años anteriores canturreaba sin llevarse de mi más atención que la necesaria para cambiar de emisora. Él mismo me había jodido la existencia.
Yo trabajaba en una humilde y agradable oficina, amigo de mis amigos, hijo de mis padres, novio de mi novia, moderado bebedor, deportista. En fin, un españolito medio con problemas para llegar a fin de mes. Ese día me había levantado de muy mala hostia, con un presentimiento de desgracia. Me duché -el agua salía caliente-, bajé a la calle -ni un solo atisbo de atropello-, cogí el autobús -a la hora- y llegé al trabajo. Todo hacía pensar que la desgracia ocurriría allí mismo. La semana anterior había copiado un informe antiguo y falsificado un par de firmas a las que ya no tenía acceso. ¡Ese! Ese sería mi final. El jefe se daría cuenta, me abriría un expediente sancionador, llegaría a la dirección de la empresa y entonces, entonces me encontraría en la santa calle, con dos padres que atender, una novia, unos amigos y una media botella de ginebra.
Pero no. Antes de que mi superior clavara su mirada sobre los informes, sucedió. Aquello fue realmente peor que un despido con patada en el culo: 22 de diciembre, sorteo de navidad, toda la oficina pendiente y yo rezando para que mi jefe no se enterara del asunto de las firmas. Entonces, aquel Satanás disfrazado de inocente alevín, pronunció las mismas cifras que aparecían en mi boleto. No lo celebré, no levanté la cabeza, no fruncí las cejas, no miré a mis compañeros de trabajo, no respiré, mi corazón no latió... nunca más. Y es que no debí encontrar un momento peor en toda mi vida para sufrir un infarto de miocardio, una lástima.
(Texto basado en algún hecho real)
Anteayer estuve leyendo unos cuantos sonetos de Shakespeare, y entre todas las joyas, me llamó especialmente la atención esta en concreto. Intentaré hacer la traducción con lo que me acuerdo de la edición que lei (de Agustín García Calvo). Es el soneto CX XX, ahí va:
My mistress' eyes are nothing like the sun
My mistress' eyes are nothing like the sun
Coral is far more red than her lips' red:
If snow be white, why then her breasts are dun;
If hairs be wires, black wires grow on her head.
I have seen roses damask’d, red and white,
But no such roses see I in her cheeks;
And in some perfumes is there more delight
Than in the breath that from my mistress reeks.
I love to hear her speak, yet well I know
That music hath a far more pleasing sound:
I grant I never saw a goddess go,
My mistress, when she walks, treads on the ground:
And yet, by heaven, I think my love as rare
As any she belied with false compare.
Los ojos de mi amada no son como el sol
Los ojos de mi amada no son como el sol
El rojo del coral mucho más rojo es que sus labios
Si la nieve es blanca ¿Por qué sus pechos morenos son?
¿hebras fueran pelos? Negras las que crecen de su cabeza.
He visto rosas rojas, rosas blancas,
mas ninguna encontré en sus mejillas;
Y hay más placer en ciertos perfumes
que en el hedor que emana de su aliento.
Me gusta oírla hablar, aunque bien sé
que la música tiene más placentero sonido:
Juro que nunca vi una diosa moverse
Mi amada, cuando anda, pisa sobre el suelo.
Y, por Dios, la creo tan preciada
como otras que con falsas comparaciones se engañan.
Es, a mi parecer, una crítica bastante incisiva a las adulaciones fáciles y los símiles tópicos. Los dos últimos versos no he sabido traducirlos mejor, pero son los que ponen de manifiesto, más que el desengaño con una mujer, la crítica a la poesía demasiado metafórica referida a las personas.
Una vez, de pequeño, tuve un sueño. Volaba por encima de las gaviotas que protegen la mar. Mis brazos giraban suavemente en la dirección elegida y mis pies flotaban como marcando pasos de Charlestón. Desde ese extraño mar, los objetos parecían mayores según te alejabas de ellos y todas las demás reglas de la naturaleza, como la gravedad, eran ignoradas sin mayor preocupación. Era curioso ver las figuras que marcaban mis compañeras de viaje; cada una, vestida de un color diferente por la Aurora, formaba junto a las costas un mosaico de rojos, anaranjados y verdes colores.
Tenían un canto especialmente dedicado para cuando acontecía tal suceso. Entondes todas quedaban suspedidas en el aire, con sus ojitos de gaviota fijos en el centro del gran círculo que formaban, y que poco a poco se iba haciendo mayor con la presencia de las sirenas que se acercaban para observar el espectáculo. Éstas emitían un sonido similar al de una flauta travesera, pero también parecido al de un gran Bong. Sobre esta base, las compañeras leían la partitura que quedaba dibujada en las olas del mar, que si bién recordaba a Tchaikovsky, era más parecido a dormir sobre la hierba en una noche de verano.
Tras una breve introducción, se producía el hecho más esperado por la Luna, que asomaba discreta tras las nubes para copiar sus sonidos y reproducirlos cuando es de día y nadie la escucha, pues es realmente tímida; todos nos desplazábamos hacia una isla construida de luces de luciérnaga, como atraidos por su suave olor a libro recién estrenado. Era aquél un extraño mar, en el que sólo vivían sirenas y crecían corales de color atardecer.
Las sirenas me llevaron a su refugio secreto en donde escodían su mayor tesoro, protegido por una legión de fieles caballitos de mar, armados con estrellas y otras terribles armas arrojadizas. Por dentro todo parecía despedir una luz azulada y la cara de Nereo quedaba formada por pequeñas piedrecitas puestas a drede sobre el fondo marino.
Entonces las sirenas sacaban de su tripa, cual canguros, una trompeta marina cada una, los caballitos cambiaban las estrellas por saxos tenores marinos y las gaviotas hacían rápidos círculos sobre el mar para formar un gran remolino de corales y algas a modo de Coliseum romano. Ese era el momento en el que todos presenciaban la apertura de la cueva del tesoro; sobre una alfombra de peces multicolores y rodeada con coronas de cangrejos cojidos de las patitas, Atenea trasportaba miles de gajos de sol cojidos con una cinta de oro. La música sonaba, primero bajito, más tarde las notas de Coltrane resonaban en todos los mares. La Aurora cada vez bajaba más y todos quedaban iluminados con su luz. Era entonces cuando Atenea entrelazaba los gajos de sol, lentamente los tejía sobre la cinta de oro. Coltrane seguía en un trace improvisativo. Las gaviotas, de la velocidad, se habían convertido en dragones y el Coliesum era ya una ciudad entera. Miles de criaturas acompañaban con instrumentos todavía sin nombre a los caballitos y sirenas.
Tras varias horas continuadas de baile y música (lo que los humanos conocemos como "maremotos") Galatea, Psamate y Tetis anunciaban con grandes cuernos el final de la ceremonia. Atenea ya había concluido su trabajo y la Atmita estaba concluida. Era el momento en el que debía ser llevada a la costa para recibir su primer baño de arena dorada. En ese instante recibía apariencia humana y la protegían con conchas de los más bellos colores. Pero todas las atmitas -y especialmente ésta- quedan marcadas con ciertos rasgos que, si tienes ocasión de observar atentamente, delatan su constitución de rayo de sol y su brillante corazón de lazo de oro.
A los 27 meses celebrando el día 27
Son estas entrañables fechas las que más asco me dan de todo el año. Y ya no es sólo que he gastado todas mis vacaciones y no me quedan días libres; tendré que ver a esa parte oculta de mi familia, a la que a fuerza de no verles, cada vez odio menos. Les preguntaré sin el más mínimo interés qué es de su vida, y sin escuchar su respuesta, les contestaré que me alegro. Cenaremos en total e hipócrita armonía y hasta el 2004 por las mismas fechas.
Las plazas se llenan por en esta época de pequeños puestecitos de artesanos malpagados, vendiendo a precio de oro los pequeños artefactos que pequeños niños manufacturan en sus pequeños -económicamente- paises de origen. Los carteles de las calles vomitan bonitas y dulces caras que, con expresión de orgasmo, nos enseñan cual es el perfume que nos hará triunfar en la vida.
La nochevieja siempre será la excusa perfecta para pegarnos el atracón de todo tipo de drogas. ¡Ah! Pero ese día hay que aguantar por lo menos hasta los churros. Si recuerdas algo de esa noche, es que ha sido malísima. El año siguiente deberás consumir dosis más altas de tu droga preferida.
Es precioso ver los balcones del vecindario copados de espíritu navideño, con sus lucecitas y sus villancicos embebidos en un osito verde. Mientras tanto, en el interior, los padres se tiran de los pelos porque si compran pavo y langostinos, su hijo deberá conformarse con la ultimísima consola PlayFool,Play(tm) en lugar de una moto con la que estrellarse contra el camión de Freixenet y las “brubrujas”.
En fin. Feliz falsedad
(Para la correcta lectura de este texto, es requisito imprescindible que sea acompañado por el "Imagine" de J. Lennon)
Imagínate que llega un día en el que la música quede completamente despojada de su sentido artístico, que su única misión para con los humanos sea la de sacarnos los cuartos mientras escuchamos -no más de tres veces- un disco por el cual su autor no cobrará más de un 1 por ciento sobre su precio en la calle.
Imagina que una mafia llega a controlar a los autores y músicos, dictándoles nota por nota, palabra por palabra, lo que deben o no decir. Imagina que tienes un grupo de música, quieres organizar un concierto benéfico por las ostras huérfanas del Congo -pobres- y llega dicha mafia y se quiere llevar un tanto por ciento de lo recaudado (pobres ostras). Y tienen papeles. Y tienes que pagarles. Y les pagas.
Imagina que tienes un pequeño bar, te gusta poner música por la que ya has pagado y la pones. Imagina que sólo por eso debes pagarle a la mafia un dinero más al mes. Y tienen las leyes. Y tienes que pagarles. Y les pagas.
Imagina que te produce un placer inmenso escuchar el sonido del mar. Imagina que lo grabas y que el soporte en el cual lo haces (un CD, una cinta, minidisc...) ya te ha costado más caro sólo porque la mafia tiene un impuesto gravado sobre él. Y ya les has pagado.
Imagina que se te ocurre protestar ante esta situación y que cuando lo haces te descalifican y te llaman pirata y antisocial.
Parte de esa mafia se llama SGAE y próximamente te cobrará por leer información en Internet. Y tendrán las leyes, el apoyo de este gobierno (y del siguiente) y pagarás.
No sé cuantas noches pasé delante de aquella extraña figura, aquella que miraba sin compasión recordándole a mis ojos su terrible secreto.
No sé cuantos días podré seguir aguantando tanta aparente ingenuidad, ni tan siquiera a qué hora marchará el pequeño demonio que me hace escribir aquello que ni tan siquiera soné escribir una vez muerto.
Tal vez con el tiempo; con mi tiempo y parte del tuyo, con tu sonrisa que no entiende de mentiras, con tu mirada alcanzando su mínima expresión de órgano visual.
Por tu risa y tu llanto, por las vidas de los que murieron sabiéndose ignorantes.
La rabia de los que no lucharon.
La impotencia del que lo hizó y perdió.
El llanto mio, que nunca supo fingir
y mi risa que parecía harta de perderse entre cobijos alejados de su destino.
Saber. Creer. Pensar. Conocer. Admirar.

Tan solo palabras que se mezclan y pierden su sentido. El mismo sentido que pierdo al utilizar un minuto en pensar en ello.
Creo pensar que sé admirar aquello que conozco. ¿Sé? ¿A caso merece la pena saberlo? Ciertas incógnitas de nuestra vida es mejor dejarlas ocultas, pues son el respiradero del alma encarcelada en eso que llamamos cuerpo.
Cuerpo. Mente
Necesito moverme para que mi espíritu venga conmigo, para que no piense -aún siendo cierto- que está preso. Debo alimentarle de todo tipo de comidas nutritivas (más incógnitas). Al final es lo único que éste necesita para vivir. Sólo dudas, incógnitas, interrogantes en la certeza de su inexistencia física.
El espíritu es como el niño al que hay que mantener ocupado, pero que a la vez se sienta travieso. Es en este momento cuando el niño travieso se convierte en el duende que maneja la pluma y el papel, los sueños, las ilusiones, pero sobre todo la incertidumbre.
Certeza. ¿Certeza de qué? No hay nada seguro, nada fiable, todo trancurre sin nuestro control. Todo es aleatorio, ocasional (o al menos todo aquello de lo que podemos darnos cuenta sin quitarnos la venda), pero sin embargo las esencias se comunican, transfieren sus experiencias, enriquecen a otras esencias. Y es aquí donde nada es fortuito, de la misma forma que necesitamos comer, las almas necesitan ese intercambio que el cuerpo en el que yacen les niega.
Y mientras transcurre esta noche, ella saldrá y recuperará la consciencia de su independencia.
[Reedición de un texto de 2002]

0.- Propósito
Queremos montar un punto de acceso con FreeBSD (4.8 o superior) que haga NAT con la red interna, para posteriormente poder encaminar el tráfico hacia internet. También necesitaremos monitorizar su comportamiento y que sea capaz de asignar IPs dinámicamente a los clientes wireless (DHCP). La tarjeta wireless debe llevar el chipset PRISM2
¿Por qué NAT en lugar de bridging? Porque permite mucha más flexibilidad a la hora de tratar los paquetes, es mucho más seguro y además podremos “ver” via tcp/ip al AP ya que con bridge no podríamos. (O yo no lo conseguí)
El índice es el siguiente:
1.- Configurando el núcleo
2.- Configurando la tarjeta bridge pcmcia/pci
3.- Configuración del firewall/NAT
4.- Levantar el interface wireless y definir parámetros
5.- Instalación de los ports necesarios
6.- Control de ancho de banda
7.- Configuración del dhcp
8.- Monitorización y algo de SPAM ; )
Un buen día, a alguien se le ocurrió decir en público que yo era un cabronazo irónico y despiadado. Digamos que sin quererlo mis amigos empezaron a ver atisbos de ironía en cada frase que decía. Ellos se reían, yo me quedaba perplejo y a partir de ese momento toda la conversación se convertía en un macro sarcasmo colectivo bastante entretenido.
El rol me fue gustando y se traspasó a otros grupos de amigos, en algunos con más aceptación que en otros, pero ahí estaba. El problema siempre llegaba cuando quería decir algo en serio -como el cuento del pastor y el lobo- acerca de alguien. Todos me miraban con cara preocupada como diciendo “¡Cómo te pasas!”. Y yo en realidad no estaba ironizando, sino expresando mi opinión sincera. Esto empezaba a mosquearme, ya que sistemáticamente todo lo que decía pasaba a ser considerado sarcasmo, y por tanto interpretado al revés.
Como en realidad me sigue gustando la ironía y no tengo pensado dejarla por ahora, la solución a este contratiempo comunicativo fue bastante obvia: Ahora cada vez que quiero elogiar a alguien, le insulto poniendo cara de pillín y todos felices ; )
No hay más que mirarte a los ojos para ver en ellos las llamas que un día encendió tu Judas particular. Te hierve la sangre al saberte violado sentimentalmente por quien más querías, por quien hubieras dado la vida, por quien tantas noches en blanco pasaste dando vueltas sobre tu propio eje.
Tienes las mandíbulas tan desgastadas por la presión que se ejercen mutuamente y la frente tan pálida por la sangré que se llevó con su traición, que aún riendo no reflejas más que los mares de lava con que son regados cada uno de tus órganos.
La locura, el rencor y la venganza son tu desayuno, comida y cena. TODOS LOS DÍAS. Amaneces sudoroso, desorientado, con la misma angustia del día anterior pero sintiéndote cada vez más incapaz de escapar de ella. Según vas despertando y recordando sus palabras, te invade un intenso ardor que se alimenta de sí mismo hasta el infinito, creciendo con cada insulto que no le pudiste decir a la cara y que, finalmente, arrojas cada noche contra tu propio ser.
9746:anonymous@syvic:~$ cat /proc/cpuinfo
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9746:anonymous@syvic:~$ _
Quizá ladrando como lo que soy ahuyente a las casas de los fantasmas que los pueblan. Tal vez deje de sentir el inmenso dolor de sus estornudos cuando chocan con el cubilete en el que están contenidos los dados que no representan más que mi espíritu.
Aunque, pensándolo bien, esta noche no es de Febrero. Nadie bailará en mis narices enseñándome como debo afeitarme. No soy quien parezco, pero todos me creen cuando no miento, y cuando no soy sincero.¿Y qué? Seguramente esto no represente más que el desvarío de un murciélago cansado de colgar del techo, que grita y gime. Tal vez mi reloj funcione correctamente y seas tú quien camina al revés. Y si una simple agenda puede contener la vida de un perro, quizá en una cuartilla mi alma este ancha.
Sintiendo que mi imaginación seguiría insultando toda razón y que esta sucia tinta no hace más que enfermar a las tribus del Amazonas, dejaré que ambas reposen en el estuche del hermano de mi novia.
Pues ¿qué decir acerca de mí? Como sé que es un coñazo que cuente lo de "Nací un dia soleado de ..." y además nadie se lo creería, pues me invento una historia que quede más chula. A saber:
Pues resulta que como mis padres eran un poco astronautas, aparecí un soleado día cerca de los anillos de saturno, y ahí tal cual estaba con mi trajecito azul de astronauta y mi chupete comprimido con forma de teta marciana.
Lo más duro de aquella época fué el tener que tomar las papillas en píldora, sin contar que los sonajeros no sonaban, no podía saltar a riesgo de subir demasiado alto, ni siquiera llorar hacia el suelo como los demás niños. No pude nunca tirarle de los pelos a mi padre, aunque alguna vez le desconecté el cablecito del oxígeno tras lo cual se ponía muy rojo, supongo que del enfado. Aunque, ¡que carayo! A mi tampoco me gustaba nada que me quitasen los pañales cada noche y no me ponía rojo. Bah, cosas de mayores.
Unos ciclos solares más tarde ya correteaba por los anillos de saturno huyendo de mi madre que me quería meter la píldora de pescado. ¡ODIABA la píldora del pescado! (Y además ¿Qué narices era un pescado?). De vez en cuando arrancábamos la nave y nos marchábamos a Júpiter, donde vivían mis abuelos. Entonces era de mi abuela de quien huía. Por alguna extraña razón siempre me ha gustado hacer rabiar a la gente. Creo que es la única forma de saber de qué pasta están hechos los astronautas.
Como no tenía muchos amigos siempre andaba tocando los mandos de la nave espacial y viendo pasar las ... ejem asteroidas. Los estúdios no me iban muy bien, pero iba pasando de anillo cada ciclo solar como el resto de mis compañeros. Hablando del cole, todavía me acuerdo de las estúpidas clases de geografía espacial ¿A quién narices le importará los nombres de las manchas solares? o peor aún, las clases de historia: Vosotros tuvisteis que aprender los nombres de los reyes Godos, pero os puedo asegurar que la historía de la Vía Láctea no es mucho mejor, y salvo la segunda guerra intergaláctica era todo bastante aburrido.
Sin embargo, la física nuclear no se me daba mal y decidí enfocar mi vocación hacia las ciencias desde pequeño. Ya me conocía perfectamente los mandos de nuestra nave y comenzaba a juguetear con los mandos de las demás.
Y así ciclos y más cliclos. Mis habilidades sociales empezaron a florecer y descubrí que escuchar a los demás astronautitas era mejor que ver pasar asteroidas. También descubrí que en las salas antigravedad -además de llorar hacia el suelo- habia aire, que resulta que es un medio muy curioso en el que aparece un extraño efecto llamado sonido. Tras ahorrar un tiempo me pude comprar mi primera guitarra auto-gravitatoria que además tenía cuerdas, ¡oiga!
Un buen día amanecí en un cubículo antigravitarorio, me habían despojado de mi traje espacial y al mirar por la ventanilla -que era realmente la más grande que había visto nunca, y cuadrada- descubrí una ingente cantidad de construcciones en forma de bloque y humanos paseando por la superficie ¡SIN TRAJE!. Por un momento temí por mi integridad física y mental. Me miré en la superficie auto-reflectante que había justo encima de mi lecho y no aprecié ningún cambio importante en el color de mi piel, ni erupciones cutaneas ni nada. Así que me decidí a abrir la compuerta que separaba mi habitáculo del resto de la construcción...

Pues sí, de verdad que espero equivocarme, pero creo bastante firmemente que el egoísmo mueve nuestro mundo y el de los demás. Yo soy egoísta, tú eres egoista, nosotros... Lo que pasa es que algunos lo disimulan mejor que otros. A ver, ¿que le ha picado al Syvic esta vez? Pues lo de siempre, mujer: La mosca de la curiosidad por el comportamiento humano. Y cuanto más me fijo en ciertas actitudes altruistas, humanitarias o sociales; más me doy cuenta de que detrás de todo acto aparentemente desiteresado, se esconde nuestro amigo el Señor Ego.
EgoismDesde luego que ya podían ser todos los egoismos de este tipo, claro, pero es extraño comprobar como el amor hacia uno mismo es lo que motiva a desvivirse, o al menos a emplear una parte importante de tu vida, en ayudar a los demás. Me explico: Por lo que he podido ver en algunos movimientos de tipo social o colaborativo, al final lo que se crea es un sistema organizativo en forma de meritocracia. En este interesante sistema lo que cuenta para subir estratos es lo que aportas a la comunidad. Queramos o no reconocerlo, los humanos siempre tratamos de subir los peldaños de alguna escalera, no importa a dónde nos lleve, pero que estemos lo más arriba posible.
Un ejemplo real, tangible, de que esto funciona, es el mundo del Software Libre, en el que miles de personas de todo el globo se dedican a solucionar los problemas del otro medio globo, creando, por ejemplo, las herramientas necesarias para que tú puedas estar viendo desde tu casa lo que yo escribo en la mía sin cobrar un solo duro y sin obtener más beneficio que el de sentirse bien consigo mismos. O dicho de otra forma, el crearse una buena reputación colaborativa dentro del grupo. Creo que la principal motivación encubierta es el egoísmo, y sin embargo no ha habido en la historia ningún elemento aglutinador formado casi exclusivamente por voluntarios que haya sido más fructífero para la propia humanidad que el Soft libre.
¡Ah, inglés! ¡Idioma universal, aglutinador de culturas y estandar para las ciencias! ¡Oh, inglés! ¡Despiadado destructor de lenguas y tradiciones, a veces de culturas enteras! Te odio y te amo, como al que me da de comer y me somete a su yugo. Crueles barbarismos que construyen y destruyen mi lengua como si de un viejo y usado pañuelo se tratase.
Inglés, te escribes con tilde y sin embargo lo odias con todas tus letras. Presente e inadvertido en cada hogar del planeta, desde ricos y poderosos a pobres analfabetos; desde ricos analfabetos a pobres poderosos en palabras y actos. Aborrezco tu rigidez en la misma forma que aborrezco tu flexibilidad. Detesto tus formas elegantes y adoro los galimatías de tus verbos. Disfruto tanto cuando te oigo y no te escucho (cuando te pronuncio en soledad y caes al vacío más oscuro) como cuando sutilmente contaminas mi entorno cual hoja caida sobre la rivera de mi boca.
Puesto que tendré que escucharte hasta mi muerte y tú aguantar mis débiles intentos de liberación y las patadas a tu diccionario, propongo que dejes de ser molino y yo desistiré por fin de luchar contra Vos, de vagar por La Mancha.
Esperaré aqui. No pienso ir, no me mires así. No te apenes, será apenas un rato. Siempre hemos estado muy unidos, pero esta vez no puedo acompañarte. ¡Me da igual eso, y nada de chantajes! Mira, todo va a ser muy rápido y cuando me despierte ya habrá pasado todo y podremos seguir juntos.
De verdad que no te entiendo: ¿No me abandonas tú cada noche desde que nos conocemos? Entonces no sé qué problema tienes en que me ausente durante este trámite. ¿Eufemismo? Pues sí, claro ¿Cómo quieres que lo llame? Está bien, lo dejamos en “operación” ¿Te vale? Ya, nunca te han gustado estas cosas, pero el que más sufre siempre soy yo. Tú te limitas a dejarte hacer, pero mañana tendré que aguantar tus dolores, me despertarás con un agrio sabor y estaré preocupado por ti durante días... ¡Ah, ahora resulta que no te cuido!
¿No te dejo dormir?
¿Te alimento mal?
¿También eso?
Vale, puede ser. ¡Pero aquí el que manda soy yo! Se acabó la discusión. Mira, ya viene el doctor con la anestesia. Ahora me dormiré y quiero que te comportes. Ya tendremos tiempo mañana de discutir...
¿Estás sentado en esa silla y mirando esta pantalla realmente?
¿Qué certeza tienes de que esto es real y no una mala pasada de tu sistema sensorial? Piénsalo; cualquier objecto o ser que a tu mente le de por inventar será tan real que mirarías extrañado a quien que te dijera lo contrario.
Ahora aplícalo a cada uno de los sentidos. Imagina que los humanos tenemos un error de fabricación, que nuestros conos y bastoncillos están defectuosos desde que somos Sapiens. En tal situación todos nosotros, excepto -quizás- los daltónicos, llevaríamos generaciones enteras interpretando mal los colores y no tendríamos forma de comprobarlo, vestiríamos con tonos chillones y poco agradables para el resto de los animales ¿Nunca te ha mirado como extrañado alguno?
Haz otro pequeño esfuerzo e imagina que el azucar no es dulce, sino amargo; que las leyes de la armonía son equívocas, vamos en el metro escuchando dulces melodías y para evitarlas nos enchufamos en los oidos sendos electroimanes de los que emanan punzantes chirridos; que comemos lo que los animales deshechan y no al revés; que hablamos y cantamos solos por las calles y creemos que alguien nos escucha.
Ahora bien, tú, bicho imperfecto, tarado y con los sentidos trastornados, eres transportado a un mundo en que los humanos interpretan bien los colores, la música, los sentidos y son conscientes de su soledad o compañía. ¿Cual sería la palabra que mejor te describiría en tal situación?
¿01001100 01110001 01000011 01001111?
No. Ya no estoy en esa feliz edad en la que la mayor preocupación es la de llevar un papel a casa cada tres meses con unos números que indican lo listo que no eres. ¿Se me nota resentido?
¡Que va!. Realmente siempre me importó demasiado poco el dichoso boletín. Tanto que ni me molesté en falsificarlo nunca, ni en poner cara de afligido por mis malos resultados académicos. Pero bueno, eso ya es otra historia...
Entonces ¿Por qué Vuelta al cole? Pues, en cierto modo, empezar un blog me recuerda mucho a mis últimos años en el colegio. En la clases de literatura teníamos a una de las profesoras más interesantes que encontré en mi andadura por las verdes aulas del edificio. Gracias a ella me picó el gusanillo de la lectura, hábito que hasta entonces había quedado restringido a manuales de informática. Pero su milagro no quedó ahi, sino que consiguió que de mis manos, y con ayuda de un artilugio llamado bolígrafo, salieran palabras con cierto sentido y con un lejano regustillo a sentimiento. También tuvo la ironía suficiente para decirme que le gustaba lo que escribía. Fue en aquella época cuando escribí un pequeño libro de poesía.
La cuestión es que después de terminar mis estudios dejé completamente de emborronar páginas y gastar tinta. Ahora la tecnología me permite hacer lo mismo, pero de manera ecológica. Y si no te gusta lo que escribo, no tienes que hacer una bolita con el papel. Así que, aprovechando que algunos astros están alineados y que ayer fue Lunes, retomaré una vieja afición en este triste intento de dejar constancia de mi existencia.
Así pues, este diario está decicado a Ana Molina y a sus maravillosas clases, posiblemente las más productivas y amenas de cuantas recibí en el Gamo Diana. ¡Muchas gracias!
Pues si, al final he caido ante el encanto de los weblogs y aquí está el mio. Espero que en este espacio pueda desparramar todos esos monólogos y pensamientos incoherentes que de otra forma me daría vergüenza soltar en público. Tengo pensadas ya algunas desvariaciones que iré dejando caer poco a poco, cuando tenga tiempo, y con cuidadito de no sobrepasar los límites de la coherencia (al menos, la textual)
¡Saludos!