| « Montando un Punto de acceso WIFI en FreeBSD 09/12/03 12:51:59 | Traiciono, ergo existo 24/11/03 17:01:32 » |
Un buen día, a alguien se le ocurrió decir en público que yo era un cabronazo irónico y despiadado. Digamos que sin quererlo mis amigos empezaron a ver atisbos de ironía en cada frase que decía. Ellos se reían, yo me quedaba perplejo y a partir de ese momento toda la conversación se convertía en un macro sarcasmo colectivo bastante entretenido.
El rol me fue gustando y se traspasó a otros grupos de amigos, en algunos con más aceptación que en otros, pero ahí estaba. El problema siempre llegaba cuando quería decir algo en serio -como el cuento del pastor y el lobo- acerca de alguien. Todos me miraban con cara preocupada como diciendo “¡Cómo te pasas!”. Y yo en realidad no estaba ironizando, sino expresando mi opinión sincera. Esto empezaba a mosquearme, ya que sistemáticamente todo lo que decía pasaba a ser considerado sarcasmo, y por tanto interpretado al revés.
Como en realidad me sigue gustando la ironía y no tengo pensado dejarla por ahora, la solución a este contratiempo comunicativo fue bastante obvia: Ahora cada vez que quiero elogiar a alguien, le insulto poniendo cara de pillín y todos felices ; )