| « ¿Irónico? ¿Yo? 01/12/03 16:35:59 | cat /proc/cpuinfo 23/11/03 12:20:06 » |
No hay más que mirarte a los ojos para ver en ellos las llamas que un día encendió tu Judas particular. Te hierve la sangre al saberte violado sentimentalmente por quien más querías, por quien hubieras dado la vida, por quien tantas noches en blanco pasaste dando vueltas sobre tu propio eje.
Tienes las mandíbulas tan desgastadas por la presión que se ejercen mutuamente y la frente tan pálida por la sangré que se llevó con su traición, que aún riendo no reflejas más que los mares de lava con que son regados cada uno de tus órganos.
La locura, el rencor y la venganza son tu desayuno, comida y cena. TODOS LOS DÍAS. Amaneces sudoroso, desorientado, con la misma angustia del día anterior pero sintiéndote cada vez más incapaz de escapar de ella. Según vas despertando y recordando sus palabras, te invade un intenso ardor que se alimenta de sí mismo hasta el infinito, creciendo con cada insulto que no le pudiste decir a la cara y que, finalmente, arrojas cada noche contra tu propio ser.