No. Ya no estoy en esa feliz edad en la que la mayor preocupación es la de llevar un papel a casa cada tres meses con unos números que indican lo listo que no eres. ¿Se me nota resentido?
¡Que va!. Realmente siempre me importó demasiado poco el dichoso boletín. Tanto que ni me molesté en falsificarlo nunca, ni en poner cara de afligido por mis malos resultados académicos. Pero bueno, eso ya es otra historia...
Entonces ¿Por qué Vuelta al cole? Pues, en cierto modo, empezar un blog me recuerda mucho a mis últimos años en el colegio. En la clases de literatura teníamos a una de las profesoras más interesantes que encontré en mi andadura por las verdes aulas del edificio. Gracias a ella me picó el gusanillo de la lectura, hábito que hasta entonces había quedado restringido a manuales de informática. Pero su milagro no quedó ahi, sino que consiguió que de mis manos, y con ayuda de un artilugio llamado bolígrafo, salieran palabras con cierto sentido y con un lejano regustillo a sentimiento. También tuvo la ironía suficiente para decirme que le gustaba lo que escribía. Fue en aquella época cuando escribí un pequeño libro de poesía.
La cuestión es que después de terminar mis estudios dejé completamente de emborronar páginas y gastar tinta. Ahora la tecnología me permite hacer lo mismo, pero de manera ecológica. Y si no te gusta lo que escribo, no tienes que hacer una bolita con el papel. Así que, aprovechando que algunos astros están alineados y que ayer fue Lunes, retomaré una vieja afición en este triste intento de dejar constancia de mi existencia.
Así pues, este diario está decicado a Ana Molina y a sus maravillosas clases, posiblemente las más productivas y amenas de cuantas recibí en el Gamo Diana. ¡Muchas gracias!